2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

Incendio en Chota

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Las ferias siempre nos traen novedad, reencuentro, alegría, oportunidad de negocio o simplemente motivo para tomar la jornada como un buen día de campo.


Eso es por ejemplo la Feria Agropecuaria y Artesanal de Tuctuhuasi que, agosto a agosto, se celebra a orillas del río Chotano, en el valle que los españoles de tiempos de la fundación (allá por 1552) habían previsto para asentar allí la ciudad. Aquello hubiera ocurrido, de no ser por la Inmaculada Concepción, que, según la leyenda, con sus idas y venidas, determinó aquella fundación en este lugar sobre nuestra meseta, llamada Acunta, convertida desde entonces en cuna de todos los que nos llamamos chotanos. Chotanos, cierto es, de nacimiento, porque –hay que aclarar– hay chotanos de corazón, más chotanos que muchos de nosotros, que se desviven por nuestra tierra, como es el caso de Severiano de Cáceres, por citar el ejemplo más palpable en los últimos tiempos.


Y en ese afán de sacarle el mejor provecho a la feria de Tuctuhuasi, junto con las muestras de ejemplares de flora y fauna, se concitó este año lo mejor del talento chotano en cuanto a la artesanía, provocando toda una explosión e incendio del color y la vivacidad, características de la singular naturaleza chotana, y, por ende, del espíritu de nuestras artesanas y artesanos, que no hacen sino transmitirnos el mensaje que ellos reciben de las flores y los frutos, del canto del viento, los arroyos y las aves y la generosidad y abundancia de la Lluvia protectora.

Por todo esto, aseveramos que es vivaz nuestra artesanía... pues tiene el color de la vida, el color de la primavera. Por esto aseveramos que entre todos los huaynos, el nuestro es el más alegre. Y por esto aseveramos que ello es el mejor de los motivos para que nuestro espíritu sea sumamente optimista y festivo... ¡Todo un hermoso círculo de positivismo y algarabía!


Para ustedes chotanos, que se hallan lejos del terruño, van estas imágenes, que no sólo les hagan palpitar el corazón, sino sea la motivación del pequeño compromiso de trabajar también desde su lejana estación, a través de este medio, por el desarrollo integral de nuestra amada provincia llamada Chota, hoy más que nunca que nos alerta toda una nueva revolución cultural: con nuestra propia Universidad, que justo hoy escribe su primer dictado de clases; con nuestra carretera asfaltada, que nos traerá así como progreso los males de la "modernidad"; y el emblemático "San Juan", mudando de plumaje para un vuelo nuevo de prosperidad.


Concurso de cuyes y exposición de conejos, con excelentes ejemplares en los diversos tipos.

Insuperables chicharrones chotanos y un quesillo con miel de caña, para despertar el apetito.

Expertas artesanas apuran sus labores, mientras atentas vendedoras ofertan lo mejor de sus productos agroecológicos.

Sorprendidos quedamos ante la Asociación Artesanal "Pacobamba" de Lajas y sus bonitos sombreros en miniatura. Felicitaciones a la artista Gladys Cieza González (cel. 990974709).

Los pañones tacabambinos y chiguiripanos (Tuspón) presentes en la cita del color.

El distrito de Paccha y sus cubrecamas, tienen el arte en las manos de la señora Lucila Aguilar Linares y la atención del señor Aladino Altamirano Barboza (cel. 950954186)

Vivaces canastas de carrizo, miniaturas de callua y recuperadas canastillas de junco; estas últimas que nos remiten especialmente a un pasado añorado, antes de la era del plástico.

Los reconocidos fondos  chotanos y blusas típicos son elaborados para venta y alquiler en la Asociación "Virgen María" de Iraca Grande o en Jr. Lagomarcino 288 - Chota.

No podían faltar las muñequitas de doña Sofía Vásquez Martínez.

Disfrutando de la Exposición Ganadera y registrando el reencuentro con los amigos, es hora de volver a la ciudad y lo hacemos por el valle Chotano, donde el cielo, para no quedar fuera de la fiesta, empieza a insinuarnos un ocaso de ensueño.

Incendiémonos pues el alma, tanto como el cielo de Chot, que rematando la jornada de los tres días de feria en Tuctuhuasi, y hallándonos desandando el camino ya en Corepuquio, nos deslumbrara con una puesta de sol, tal, que incendió la majestad misma de nuestros propios apus.

Luego de tal pincelada, aureolada de alisos, descansa plácidamente la ciudad...


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