2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

Comentario sobre la Novela “¡Que Viva Benel!” de Estuardo Villanueva Díaz

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La novela “¡Que viva Benel!” de Estuardo Villanueva Díaz, es muchísimo más que la historia de Eleodoro Benel.

Villanueva revela en este libro un profundo y amplísimo conocimiento de la realidad histórica y social de Chota; y más profundamente aún, de la verdadera alma chotana. Por eso describe a Chota como un pueblo pujante y orgulloso, digno heredero de los fundadores españoles que sentaron pie en estos lares. Sus descripciones de la gente chotana, muchos de ellos nuestros ancestros y abuelos, deben hacernos sentir orgullosos, ya que al realizar los colonizadores un mestizaje con el elemento autóctono se inicia un lento y arduo proceso de transculturación en que las dos culturas se funden para formar una nueva nación de la cual nosotros somos representantes. Pues tal como lo dice el gran maestro Víctor Andrés Belaúnde en su libro “Peruanidad”, el Perú no fue conquistado por los españoles (puesto que no existía), sino que fue un producto de la conquista.

Así, pues, no nos llame la atención de que muchos de nuestros abuelos fueran gente ruda, por no decir rústica, y trabajadora, campesina, que no vino a asentarse en una ciudad elegante y civilizada, sino que vino a construirla con sus propias manos y a conformar arduamente su fisonomía cultural y su identidad. De lo que sí somos herederos y de lo que estamos orgullosos es del espíritu indeclinable, del esfuerzo, de la honradez, integridad, constancia, modestia, amor al terruño, honestidad, sentido del honor, etc. que son características que definen a los buenos chotanos que conocemos a través de la novela de Estuardo Villanueva. Porque nosotros no consideramos chotanos a los corruptos, ladrones, deshonestos, ineptos, irresponsable, aunque algunos hayan logrado encumbrarse en puestos políticos por lamentable errores de nuestra democracia.

En cuanto se refiere a las cualidades de escritor-narrador, los méritos de Estuardo Villanueva son innegables. La realidad, que él conoce a fondo, la expresa a través de un vocabulario típico chotano, a través de sus magistrales comparaciones y símiles, a través de sus novedosas metáforas y otros recursos literarios. Al leer su novela, reconocemos de inmediato un lenguaje regional chotano. ¿Y por qué lo usa? No es en vano. Dicho lenguaje no solamente produce una ambientación de los hechos y circunstancias dándole el sabor local que lógicamente la novela tiene que tener, sino que dicha realidad difícilmente se podría expresar en la lengua formal académica; o si no, tratemos de expresar en nuestra lengua formal, sin perder el sabor local, expresiones tales como: (pág. 20)

“Ha sabido ser una gran experiencia el salir de dos duelos a muerte en pocos minutos con dos militares y encima oficiales de alto grado”

O:

“Mapes lo viéraste a don Manuel”

O:

“Dejuro que seré un cholo machazo”.

Y muchas expresiones más.

Pero Estuardo Villanueva no sólo hace hablar a sus personajes con el lenguaje típico, sino que él, como narrador, se contagia de dicho lenguaje y lo utiliza como parte de su herramienta de narración. Es decir, él se mezcla con sus personajes mismos.

Y el vocabulario local lo encontramos proficuamente en sus narraciones y descripciones. He aquí algunas muestras:

Caballo pajarero

Gallo churre

Hacer de aguas

Unos tales por cuales

Metida en el bolsico de su saco

Debía más de 80 muertes

Remanecían muertos por Rambrán

Prendiendo los pies en el mito

Buscó chamizas, llatunes…

Cubrió los ponchos y los suaderos

Se parapetó detrás de los pedrancones

Este uso de expresiones nos hace recordar la lenta transformación que fue operándose en el Latín al convertirse en castellano. Así, pues, los súbditos del imperio romano empiezan a alterar y modificar el latín erudito y elegante para crear expresiones locales, cambiando expresiones tales como:

Me cum---à cum me cum-----à cunmegum-------à conmigo

Filium------à fillo--------à fijo-------à jijo  -------à hijo

Aurícula ---à aurécula------à oréjula-------à orejla----à oreja

Los hablantes de ese latín vulgar o lengua romance, no se animaban a escribir literatura utilizando su lengua popular, hasta que un Señor llamado Miguel de Cervantes Saavedra escribe una obra monumental “Don Quijote de la Mancha” y recién nos animamos a declarar nuestra independencia lingüística y a considerar a nuestro castellano como lengua hecha y derecha.

En el caso de nuestras expresiones locales chotanas, vemos que algunos de nuestros escritores chotanos escriben poesía y prosa usando el lenguaje local, tal como lo hace Estuardo Villanueva, y eso nos gusta. No quiero decir con esto que cambiaremos el castellano por un idioma chotano; pero queda claro que es una verdad incontrovertible que la lengua cambia en el tiempo y en el espacio.

Otra enorme virtud que tiene la obra que comentamos, es que Estuardo Villanueva con su magistral uso de la narración nos hace sentir y vivir esta historia novelada, logrando que seamos parte de la novela, sintiendo todas las emociones de los personajes. A eso contribuye su experto uso de las comparaciones, símiles y metáforas, recurriendo a nuestros sentidos del la vista, del tacto, del oído, del olfato, haciéndonos compartir el frío de sus personajes, en la jalca, el viento que cala hasta los huesos, la angustia, la ansiedad, la pena, el dolor, etc. etc. sólo comparable a los espeluznantes relatos de Edgar A. Poe en sus famosos cuentos en que nos sentimos inmersos en los personajes y en la escena.

Para hacerme comprender mejor, quisiera referirme a un ensayo mío, contenido en mi obra recientemente publicada “La Traducción Literaria como Traducción Integral “ (2014, Edit. Univ. Ricardo Palma”) donde demostramos que en un texto literario no hay solamente un significado de trasmisión de ideas tales como las contenidas en una noticia o en un texto histórico; sino que un texto literario es rico en muchos otros significados: existe un significado estético, un fuerte significado emocional, un significado socio-cultural, amén de otros que el buen escritor tiene que conocer y saber transmitir con destreza si desea producir una obra de calidad.

Qué diferencia abismal entre un frío relato histórico de hechos y fechas, (sin dejar por ello de ser importante), tales como los contenidos en el libro “Los Tiempos de Benel” (José Villanueva)  y un emocionante relato literario como los contenidos en “Que Viva Benel”, en que la vívida imaginación del autor y su experto uso de los recursos literarios nos hacen sentir junto con los personajes, el miedo, la cólera, la angustia, la ansiedad, el helado frío, la pena profunda por un ser querido, y muchas cosas más.

Para comprender estas apreciaciones, nada mejor que compartir algunos pasajes de la novela, comprendidos en el capítulo titulado “El Tiro”. Es el caso de un hombre que, por su sentido del honor, quiere vengar la muerte de un pariente, y espera por varios días a su víctima en la helada y ventisca jalca (pág. 49).

Corre casi rodando en el fango cuesta abajo, metido en ichu y el barro hasta más arriba de las rodillas. Trata de agarrarse al piso con los dedos de los descalzos pies, prendiéndolos en el mito para no caerse del todo

En un instante la garúa empapó sus hombros y sus espaldas…….

Luego cuando busca calentarse en la inmensa soledad de la fría jalca:

…….buscando en vano estiércol seco de res (pues no pastaba animal alguno por esos páramos soledosos, no siquiera venados, ni vizcachas, ni lagartijas ni nada; ni tan siquiera se veían volar pájaros de altura)…Buscó chamizas, llatunes...o tal vez, raíces secas de la mismísima paja brava…Empero se veía que llevaba lloviendo torrencialmente varios días, y todo estaba anegado…..

Le entran ideas descabelladas para luchar contra el frío:

También se le pasó por la cabeza aturdida por el frío, la peregrina idea de quemar el sombrero para hacer lumbre, pero este estaba más mojado que el pajonal…

Como lucha para movilizarse:

Retornó a gatas y agarrándose en el ichu; arañando en el barro; a contracorriente de las acequias de agua, que bajaban por doquier, discurrían raudas y llenas de bote a bote, trayendo el caudal del granizal que estaba azotando las cumbres……

……..ya llevaba tres días y tres noches esperando,,,,

Luego ve a lo lejos unas figuras que él supone es de la persona a la que le debe disparar. Pero está muy lejos y luego de una larguísima y penosa espera descrita magistralmente por el escritor, dispara:

….la neblina cerrada como catafalco gigantesco, y la lluvia persistente y torrencial convertían el día en noche a cualquier hora…

…El  frío era taladrante, doloroso, sobre todo a nivel de las piernas y los pies…

…los calambres le retorcían destemplándole los dedos de los pies y los empeines….

… Es él se dijo mascullando las palabras….

…¿Quién si no pa que sea si no es el?

….No tiene por que fallarme el pulso…

La emoción del vengador es transmitida hábilmente hacia nosotros por el autor:

El corazón ‘bramaba’ por salírsele del pecho, como puma enjaulado, como creciente de río -¡lleno!- que encuentra chuchún que lo detiene…

Luego, la ejecución del disparo es espeluznante:

El ojo abierto y agrandado en comparación con el del otro lado, guiñado- miró por la muesquita a través de la que debe verse exacto la ‘crestita’ sobre la punta del cañón…; y de allí al bulto que se mueve en la distancia precisa…y del bulto: ¡al corazón!...Y, ¡púúúmmm!

Aparentemente logra su objetivo, y el jinete cae. El autor describe cómo penosamente va rampando para verificar que su enemigo está muerto. Pero resulta que se ha equivocado y el muerto resulta siendo el hijo del vengador. La escena descrita por Villanueva en este pasaje es apabullante, electrizante cuando al descubrir que el caído no es don Absalón:

¡El rostro de Don Absalón estaba pálido y amoratado: ¿¡DON ABSALON…¡?  Grita. ¡¡NO!!...¡¡NO PUEDE SER…!!!: ¡¡..ES MI MUCHACHO!!..¡¡MI HIJO!!...¡¡MI ÚNICO HIJO!! ¡¡MI SEGUNDO…!: ¡¡MI SHEGUITO!!... ¡¡MI SHEGUITO!! ¡¡MI CHOLITO!!  Y se abraza,  al cabeza del cuerpo muerto, llorándole a lagrima viva y besándole el rostro…

Y sigue la dolorosa escena, tal como ya hemos dicho, magistralmente descrita y narrada por el autor.

Pero Estuardo Villanueva no sólo se introduce en el alma de su gente, sino que se mete aún en el alma de los animales, como en la del caballo cuando nos relata cómo el animal recuerda el olor a pólvora (pág. 16)

-Aunque corta, esta vieja experiencia hizo que el animal aprendiera a asociar el olor de la pólvora del arma que anunciaba la partida de la carrera de saltos, con la dolorosa tortura de las aguzadas y fabulares espuelas, sobre sus sangrantes ijares…Así que, el equino se negó a obedecer las bridas que enérgicamente orientaba en tal dirección el coronel, y la bestia no seguía al otro corcel…….

Así, a medida que leemos podríamos encontrar innumerables pasajes donde Villanueva hace gala de su maestría en la narración para convertirla en un elemento de integración del lector con los personajes, con el paisaje y medioambiente, con los animales; es decir la incorporación del lector al mundo mágico de la zona serrana rural del norte del Perú, y una regresión en el tiempo, haciéndonos sentir parte de ese pasado histórico de nuestro pueblo del cual hemos heredado el carácter, la valentía, sentido del honor y pujanza para lograr nuestros objetivos.

Para terminar sólo quisiera decirles que es muy difícil, prácticamente imposible, explicar la riqueza literaria de una obra como la que ahora nos ocupa. Porque realmente una obra literaria no es para ser explicada, sino leída de primera mano, y a eso debemos abocarnos todos los chotanos y peruanos en general en el caso de la presente obra literaria.

: César Gilberto Saldaña

Literato y Master en Lingüística por la Univ. de Michigan U.S.A.

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