2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

Conchán: Paraíso Ecoarqueológico (Parte II)

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viene de... Conchán Ecoarqueológico (Parte I)

Luego de dos años tuvimos la oportunidad de volver a estar entre los restos de la importantísima Cultura Chetilla, que continúa pidiendo ser atendida, mostrándonos sus chullpas ocultas y protegidas, en cierta forma, por el bosque nativo. Tenemos acá el reto de preservar justo estas dos cosas, que convierten a Conchán en distrito ecoarqueológico. Por ello, es que se nos ocurrió proponerles a nuestros guías denominar a la primera chullpa visitada con el nombre de Chullpa de los Chilimares,

como una forma concreta de preservar esta emblemática especie de flora nativa, presente en este lugar con unos hermosos y altísimos ejemplares, pero que igual están en serio peligro de extinción, junto al bosque de toda esa parte alta del distrito conchano (Cutaxi, Chetilla, Yantayo, La Palma, Querorco y Yaquil), que representan lo que queda del bosque nativo no sólo para este distrito, sino también para el vecino distrito capital de Chota, con todas las implicancias ecológicas que el bosque húmedo significa para el ciclo biológico.



El tercer día de periplo sería para nosotros de revelaciones, pues fuimos a los lugares de Conchán que aún no conocíamos. Con apoyo del Gobernador distrital, llegamos a la zona de Lascán, donde observamos a la ligera las ruinas de la antigua casa-hacienda del mismo nombre, reconocida en antaño por su producción de loza en base a caolín.


Pero nuestro destino en esta ruta era el sitio de Los Toritos, un risco de unos cuarenta metros de alto, en cuya garganta están eternizados unos enigmáticos grabados en pintura rupestre;

al que llegamos, sin embargo, muy mortificados atravesando todo un bosque incendiado en la víspera, algo así como unos tres minutos al paso de la motocicleta… ¿Ya qué más decir?

Con esa desazón registramos el arte rupestre, comprometido también con el incendio.

Entonces la revelación quizá más grande de esta visita llegó cuando escalamos por medio risco en dirección hacia registrar el bosque quemado, y al girar en reversa de pronto nos hallamos con el gigantesco perfil de un león dormido, que literalmente nos impresionó; y que no es sino toda la envergadura del risco vista desde su perfil izquierdo y en cuya garganta de león se hallan los testimonios de la pintura rupestre.


Se nos antojó que la naturaleza es ese león dormido que pronto despertará, si no enmendamos el camino, para cobrarnos las malas acciones que vamos propiciando al descompensarla.



¡Qué hermoso se ve el valle de Lascán, pero qué terrible contraste produce el incendio provocado!

¿Cuándo vamos a entender que destruyendo el hábitat de animales y plantas, estamos destruyéndonos a nosotros mismos?

Volviendo a nuestros objetivos de aquella misión, nos esperaban las Tierras de Colores, y en camino hacia ellas nos alegramos con la proximidad de un nuevo pararaico, al que amistosamente también fuimos invitados a la volada.

Arribamos al lugar, luego de escalar el cerro conocido como el Bosque de Pinos, donde comprobamos una vez lo hermoso de estos lares, pero a la vez lo negativo de esta especie, que arrasa con la flora nativa, monopolizando el paisaje y degradando lo suelos, peor aún si estos han sido antes productivos.

En contraste, el bosque nativo nos regala hermosísimas orquídeas y otras flores propias, entre las que llegamos a las Tierras de Colores: un lugar muy especial, donde podemos encontrar el círculo cromático completo.

Nuestros guías nos contaron que en tiempos pretéritos la gente de Conchán acudía a este lugar para elegir el color de su preferencia, llevarse algunos baldes de tierra y con ello pintar jubilosamente sus casas. Es fácil imaginar la belleza de aquellos tiempos.

De regreso a Conchán, pasamos por las llamadas Minas de Arena o de Arena de Conchán, muy apreciadas en construcción, y las mismas que propician trabajo y economía a muchos residentes.

Llegamos a este sitio en horas de refrigerio, por lo que encontramos sólo herramientas en descanso.

Inmediatamente luego del almuerzo, apoyados por una unidad móvil, ascendimos hasta el centro poblado menor de Pencaloma,

desde donde iniciamos la escalada hacia nuestro destino más alto, la atrayente y retadora cima del Yamagara, adonde llegamos con redoblante esfuerzo, diversificados con la prestancia de colorida flora, propia del lugar, y un recio exponente de fauna también nativa como es un singular saltamontes.



La cima de Yamagara, nos trae el abrazo del lejano Querorco en frente, y nos regala la hermosa visión panorámica del valle Ojo del Agua junto con la del resto del distrito conchano.

Allí también encontramos restos de la milenaria Cultura Chetilla, manifestada en una chullpa saqueada, como tantas en El Gavilán, Sivingán, Llasavilca, por nombrar algunas, en el distrito de Chota.

Estar en cimas como la del Yamagara, son nuestra mayor retribución, por lo que impulsamos a nuestro entusiasta guía a no dejar de visitar este punto.

Por último, sólo nos restaba descender junto con el sol a la emblemática Peña Blanca, el mirador predilecto del pueblo de Conchán.

Nos preludia un pequeño bosque de piedras y llegamos al peculiar balcón, desde donde Elmer entabla una conversación de señas con sus compañeros de trabajo en las ventanas de la Municipalidad Distrital. Es tan bella la atalaya, que cuando se va asomando la noche, nuestros espíritus, de vuelta al hotel, se regocijan al saber que por hoy hemos cumplido.


Una cuarta mañana sirvió para hacer los últimos registros de la misma capital distrital y realizar la entrevista al profesor Jorge Rodríguez Delgado, todo un conocedor en Cultura Chetilla, y con quien sentamos el compromiso para seguir trabajando en la oportunidad más próxima.

Dejamos Conchán con la complicidad de un rico cañazo compartido con los jóvenes universitarios de vacaciones en su tierra… y a ellos (ADECO y más) les renovamos la siguiente exhortación: “Tenéis un distrito extraordinario con potencial ecológico y arqueológico como pocos. Esto es una pequeña muestra de lo que ustedes conocen mejor que nosotros. Por ello, aliados con vuestras autoridades e instituciones públicas, educativas y religiosas, con vuestros conocedores, con vuestras rondas campesinas y vecinos del lugar y con vosotros conchanos del ciberespacio... CONVIRTAMOS YA a CONCHÁN en el PARAÍSO ECOARQUEOLÓGICO que el mundo debe conocer”.

Las generaciones del mañana lo agradecerán.

•Comentarios•  

 
+1 #2 Óscar Vílchez Llatas •18-09-2012 11:14•
¡Qué hermosa y pintoresca aquella ciudad, Conchán con su verdegal y cálido vallecito!
Yo disfruté de su centenario ...¿Cómo retroceder el tiempo?, amén de sus paisajes y cuántas maravillas,
incluidas las fiestitas en los pueblitos vecinos. Y su gente amena, risueña,
¡Dios la conserve siempre!
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+1 #1 Fredesvindo Rojas Vá •16-09-2012 22:02•
...año 1981 -si no equivoco- como estudiantes del ISP "Nstra. Sra. de Chota" (Prom. 1984) visitamos los restos arqueológicos...recuerdo haber ingresado a varias chulpas de 3 pisos, a grutas naturales...os pido trabajar para lograr su conservación...en otras oportunidades en una gruta de la puna de Condorpullana se ubicó huacos hechos de arcilla blanca y recuerdo que en uno de los espacios internos existía un almacén de arcilla de color blanco...Saludos, desde Bagua Grande-Utcubamba-Amazonas.
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