2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

Queríamos una Doncella y nos quedamos con el Machote

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Fue su mundo tan nuestro cuando ella dijo que sí, nuestra su miradita inocente de diáfanas quince primaveras, nuestra la naturalidad de su sonrisa, la frescura de su candidez y su doncellez entera, todo para nosotros, por designación divina, al menos por unos minutos. Teníamos por fin a Marilyn, rozagante, al borde de una especie de inverosímil pediche (pedida de mano), con todos los temores, suspicacias y riesgos a que esto conlleva, y que nos había hecho peregrinar esa mañana hasta encontrarla en su casa de aquel bello sector de Cabracancha; superando incluso el malévolo pensamiento de ser abordados y penqueados (castigados a latigazos) por la ronda (organización campesina de protección y autodefensa), bajo la igual inverosímil acusación de acoso de menores. Ya no importaba. Bajo el níspero, Marilyn estaba a merced de nuestros deseos, pero a la vez resguardada cerbéricamente por su madre a amenazante distancia. Junio remataba sus últimos días al progresivo estío de 2003, mientras el influjo de la recientemente terminada fiesta de San Juan continuaba palpitante.

Con Gilberto (El Rojo para los amigos) nos habíamos conocido sin conocer un año antes, en similares circunstancias en torno al reinado campesino de la fiesta de Chota, al haber apuntado los dos a la misma candidata: Nina (ver foto en el presente artículo), una espigada y hermosa flor, natural del distrito de Conchán, quien había conquistado nuestros corazones de artistas. Y con él, ya como “cumpas en las musas”, en los años sucesivos, perseguiríamos y capturaríamos igual a las bellezas en boga: Anny Jennyfer, la inteligente y locuaz pacchinita (natural del distrito de La Paccha), de helénicos caneloncillos, sublimada con el sabor y el encanto de los amores a primera vista, y, Sarela, de simpatía a raudales, idónea representante de la amabilísima chotanidad, complementada por el efusivo zapateo de un levitante y vaporoso huayno.

Tanta belleza, sumada a nuestro fervor de Akuntas, hizo que en abril de 2008 terminemos con El Rojo por asociar anhelos semejantes para integrarlos en un proyecto común: una revista gráfica para Chota. Ésta, debía contar con información concreta o preciso complemento a las imágenes con que ya contábamos, y, claro está, desde el ángulo más extraordinario que sólo los artistas entendemos. Estábamos seguros de mostrar al mundo (bueno, para iniciar, a nuestro mundo chotano, puesto que no habíamos pensado aún en la internet) las hazañas desconocidas de nuestros héroes conocidos, como por ejemplo el Coronel Becerra y así de tantos ignorados prohombres chotanos y chotanas heroínas que labraron y siguen labrando nuestra proficua historia. Hablar más sobre quién escribió la iluminada letra del Himno Sanjuanista; de nuestros escritores y artistas y de los valiosos hechos del momento. Mostrar por supuesto lo maravilloso del paraíso chotano en una imagen central a doble página. Mostrar nuestra flora y fauna. Mostrar nuestras costumbres y gastronomía. Y, para cerrar con broche de oro en la contratapa, nuestra mujer chotana, enfundada en estampa típica o citadina escena como la chica del mes (y, con tanta musa en Chota, nos emocionamos... ¡Por qué no de la quincena… o, mejor aún, de la semana!).

Nina, Reina de Sanjuanpampa 2002

Con el bosquejo de la revista, o machote, rebosante con imágenes de nuestro entusiasta archivo, fuimos a averiguar costos, teniendo en cuenta que la revista tendría que ser sí o sí en papel couché y a full color. En la imprenta nos dijeron que el millar saldría por tres mil soles. Pisamos tierra. Y una segunda opción casi nos manda al inframundo: cuatro mil quinientos soles. A esto, resumió El Rojo, delante del publicista y con su chispa característica: ¡Pucha, tengo que vender mi herencia para sacar la revista!

Como fecha de lanzamiento nos habíamos propuesto la cercana fiesta de junio. Y como dos ya no éramos suficientes, compartimos nuestros deseos a Manuel y a Hercres. El primero nos habló mejor de una posibilidad cibernética (un boletín electrónico o blog, que salió pocos meses después: http://grupomontania.blogspot.com/) y el segundo optó por una manera distinta pero efectiva de hacer dinero, proponiendo una visita al bosque en busca de orquídeas, cultivarlas un poco y venderlas luego a precios increíbles: ¡Allí, la plata está botada!, nos entusiasmó.

Sábado, a primera hora, nos internamos en la floresta cerca de La Palma. Para mí significó el primer contacto directo con el bosque húmedo y el encuentro frontal con mi temor atávico por las serpientes y alimañas que se esconden en los tuyos o bromelias. Por ello, con El Rojo, nos encargamos básicamente de las fotos; mientras Hercres, seguido de Manuel, se trepó a los magníficos especímenes arbóreos tapizados por orquídeas de vivos e inolvidables colores.

Unas horas después, vueltos triunfales a Chota con dos enormes cajas de valiosísimas especies, completamos la tarea adelantada en el patio de la casa de Manuel, donde ya teníamos la tierra, el abono y las galoneras de aceite vacías hecho maceteros, con lo que instalamos en un dos por tres el vivero, iniciando así el gran negocio. Y listo, ahora sólo era cuestión de tiempo, pues mientras las plantitas se ponían a punto, no quedaba sino terminar de pulir la diagramación, contratar la imprenta y anunciar el gran lanzamiento de la revista, la misma que estábamos convencidos se vendería como pan caliente.

Marilyn, Reina de Sanjuanpampa 2003

De aquella angélica flor llamada Marilyn, sólo habíamos deseado sus encantos en dos fotos, una tomada por El Rojo, para que la lleve al óleo, como ya lo había hecho antes con Nina (ver imagen al final del presente artículo), y otra tomada por mí para la contratapa de la ensoñada revista. Esa mañana, ya nos había dicho que sí. Mas, nosotros, perfeccionistas del arte, y no contentos con tenerla divina a veinte centímetros de nuestros objetivos, y a pedido de su inmaculada sonrisa, pospusimos la cita para dos días después, con el compromiso de que ya pudiese contar ella con el traje típico con el que acababa de coronarse reina (“Flor del Chot”) en Sanjuanpampa, el mismo que dijo tenerlo en casa de su abuela. Con su palabra empeñada y el decir que ya éramos grandes amigos, guardamos las cámaras en espera de ese supremo momento.

Volvimos el jueves con el ánimo al tope, pensando en los mejores close-up de Marilyn, cuando el júbilo –que huyó por las faldas boscosas del desconcertado Shingueray– nos fue arrancado de un tajo. La impertérrita madre de la niña nos detuvo en seco bajo el cerco de pajuros, conminándonos a olvidar la peregrina idea de retratar a su doncella bajo ningún concepto. Nos dejó atónitos, reiterando además que la reinita había viajado de pronto y que no sabía cuándo iba a volver. En simultáneo escuchamos el movimiento sutilizado de una pequeña ventana que se cerró en el terrado (desván).

Desconcertados, desandamos el camino con las cámaras que se nos antojaron sumamente pesadas, y atragantándonos con la oportunidad perdida de aquel martes sin retorno, nos endilgamos la lección aprendida: ¡Musa a quien has de tomar… no la vuelvas a aplazar! y volviendo nuestra vista hacia el terrado, creyéndonos aún de Marilyn sus dueños, y a manera de desquite y consuelo: ¡Imagen con la que te han de eternizar… no la vuelvas a desperdiciar!

Anny Jennyfer, Reina de Sanjuanpampa 2004

Volvimos a ver a la niña (imagen del presente artículo), ya más maltona (núbil), un año después cuando entregó la corona a su sucesora, Anny Jennyfer, en la nueva versión de la Flor del Chot, en junio de 2004. Con Anny terminé un rollo entero en honor a ese amor a primera vista y hasta me atreví a subir en el escenario y abrazarla, rompiendo mis treinta y dos años de introversión, iniciando una amistad que se fortaleció esa misma noche que la volvimos a encontrar en compañía de su madre, ciertamente una suegra muy diferente: amable, divertida y moderna. No obstante, el desencanto se manifestaría al día siguiente, cuando al revelar las fotos de la vieja zenit revelarían que ésta ya había dado sus últimos chics de vida: pues casi todas las fotos estaban borrosas, con escasas excepciones, como la presente de este artículo, donde le auguré a Anny con toda convicción y firmeza: ¡Hoy ganas!, cuando aún desfilaba como candidata llevando en su muñeca el número 54.

Con Sarela, nuestra reina de 2005, tendríamos toda una sesión fotográfica dos años después en el sector Puente colgante del Valle Chotano (ver imagen en el presente artículo), ya como integrantes y amigos de la Asociación de Teatro y Cine, ataviándose personalmente del mejor grado y gusto; siendo la tercera musa que aún espera su óleo de los perfeccionados pinceles del autodidacta Rojo.

Sarela, Reina de Sanjuanpampa 2005

Lo cierto es que, y volviendo al caso de la revista, también nos venció el tiempo, con la llegada del respectivo junio inmisericorde (2008), que estando a tan poco para la fiesta, nos fue imposible pensar en el lanzamiento de la ensoñada revista; al tiempo que, con cierta desesperación, continuábamos viendo del mismo tamaño a las plantitas y sin el menor indicio de mostrarnos sus valores metálicos, provocando en El Rojo una definitiva sentencia: ¡Pucha, nosotros creyendo como gafos que la plata estaba botada en el bosque… cuando más bien nos hemos ido a tirarla allí! (refiriéndose a los pasajes, la inversión en los insumos y tiempo y las manchas imperecederas de las orquídeas que dejaron en nuestras blancas ropas).

Literalmente nos quedamos con nuestros excesos de optimismo, nuestra inexperiencia, con el nombre guardado de la revista y el bosquejo o machote de la misma, junto al  fotográfico e idílico recuerdo de los ojitos perturbadores de una reina, diciendo sí, pero sin traje de reina.

Y ahora, volviendo la mirada a aquellos buenos tiempos de cámaras pre-digitales, superando perfeccionismos e impedimentos, homenajeamos con mucho placer a este peculiar póker de reinas, que hoy triunfan, como todo lo chotano, en líneas forasteras.

Contándole esta historia a Glendy, en compañía siempre de El Rojo, remata ella con su conocido desenfado: ¡Chiboleros, querían una doncella ¿no? y por vivos se quedaron con su machote!

Crónicas de un Andagriego (Capítulo III)

Óleo de "Nina" en manos de El Rojo

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