2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

La Virgen Cautiva (1882)

•Imprimir•
•PDF•

Virgen Cautiva
Patrona de Chota en la Actualidad

Cuando llegó el aciago momento de la invasión chilena, todos los pueblos del Perú, en la Costa y la Sierra, fueron pasto de barbarie. La tristemente recordada Expedición de Lynch al norte del país dejó en ruinas numerosas localidades y, por ello, la gente se esforzó en poner a salvo las cosa de valor que la soldadesca sureña buscaba como botín de guerra. Se sabe que muchos otros pueblos salvaron sus tesoros artísticos enterrándolos con napas de yeso o pintura barata, para desmerecer su atractivo y engañar así a los desenfrenados invasores que, ávidos de riquezas y mujeres, no perdían tiempo en baratijas. En Chota, otro tanto se hizo con la imagen de la Virgen Patrona, pero no para salvarla, precisamente.

Grande fue la sorpresa de los chotanos cuando, a su regreso después del incendio, sólo encontraron cenizas de sus propiedades; pero el estupor fue mayor cuando vieron en la plaza las imágenes del templo también carbonizadas. No había duda; nada se había salvado, ni siquiera la preciosa imagen de la Purísima Patrona. Malditos chilenos, con razón muchos de ellos habían muerto en el naufragio cuando abandonaban estas tierras norteñas.

Y fue pasando el  tiempo. ¿Qué sucedió? ¿Fue tan poca la fe o tan minúscula la gratitud por los favores concedidos, que nadie se preocupó por hacer indagaciones? Se aceptó de plano que la imagen había sido quemada. Pero había testigos de algo que sólo se decía en baja voz. Algo se sabía, por eso las tradiciones pasaron de padres a hijos abrigando la esperanza de tener alguna vez a la Patrona de nuevo en los altares. Y el tiempo siguió su marcha… Mientras tanto, para que el pueblo mantuviera el culto a María, don Manuel José Osores envió desde Lima una imagen de la Virgen del Rosario; como si no hubiera donde ponerla, el párroco Francisco de Paula Grozo la encargó en casa de don José del Carmen Guerrero. Así, cuando la gente murmuraba que la Patrona estaba en poder de la familia Guerrero, se exhibía la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Y todos conformes.

Pero quiso la casualidad –o tal vez el celo de quienes algo sabíanque un tal Julián Vargas cayera en manos de la autoridad. Conminado a prestar declaración dio tantas luces sobre lo que aconteció 20 años atrás que, aquella mañana del 4 de mayo de 1902, los viejos chotanos que atestiguaron su confesión supieron, al fin, que la imagen de la Patrona no fue llevada por los chilenos, menos quemada como se pensaba, sino que ¡existía! La duda quedó despejada y grande fue la satisfacción del gobernador don Celso Carvajal, el alcalde don Manuel Loayza, el cura don Dionisio Alvarado y los señores Eduardo Tiravanti, Leonidas Vigil, Juan Tantaleán, Manuel  Barnuevo, Juan Cevallos y don Wenceslao Villacorta, en cuya casa se escuchó la confesión y se firmó el acta de la misma. Gracias a ese documento, que figura en el archivo parroquial, hoy podemos reconstruir los hechos que conmocionaron a la Chota de aquel momento…

Chota, 28 de agosto de 1882. El enemigo se acerca y la gente, en cumplimiento de lo acordado en cabildo abierto, ha procedido a evacuar la ciudad en busca de un refugio. Cada quien se preocupa de lo suyo. Hay nerviosismo y todo anda rayando en la confusión, el caos. Quizás por ello no hay consenso en lo que debiera hacerse para salvaguardar el patrimonio del Colegio San Juan, su biblioteca y otros enseres; tampoco se piensa en el archivo municipal y, lamentablemente, menos en las reliquias de la iglesia. Con la situación de cabeza y la ciudad casi vacia, don José del Carmen Guerrero y el alcalde don Diego Villacorta –quien además era el guardador de las llaves del templo ordenan a Julián Vargas, Mariano Gavidia y otros dos sujetos cuyos nombres han quedado en el misterio, que tomen la imagen de la Patrona y la lleven a la Iraca, a la hacienda de don Carmelo Villacorta, hermano menor de don Diego, el Alcalde. La orden es cumplida sin que nadie se percate. Aún más, se hace de un modo por demás extraño: por la ventana de la sacristía. ¿Por qué no por la puerta grande si, al fin y al cabo, se tenía la llave?

Ya en la Iraca, los sujetos aludidos entregan la imagen a otros cuatro desconocidos quienes, presurosos, la hacen desaparecer. Por eso, cuando las llamas ya consumían la ciudad y los invasores llegan a esa comunidad, tampoco pueden dar con la valiosa escultura. Iraca es incendiada.

Cuando los chotanos regresan a su ciudad encontraron las imágenes del templo totalmente carbonizadas y, como nadie vio lo que hizo Julián Vargas y compañía, se asume que la imagen de la virgen se ha perdido para siempre. Y allí quedó la cosa. Más tarde se comentaría que la imagen había ido a parar a la estancia de Pacobamba, donde habría permanecido oculta durante 17 años. Y no hay más datos. La noche ha caído una vez más sobre la historia de la sagrada imagen.

Y otra vez la casualidad. Un día de 1952, el 24 de julio, aconteció el deceso de la última integrante de la familia Guerrero, la señorita Angélica, y como no hubiese dejado testamento, el señor juez Alfonso Paredes Villanueva, a petición de don Felipe Guerrero Arce –guardador dativo de la menor Adela Guerrero Arce- procedió a inventariar los bienes, apenas enterrada la difunta. En un cuarto oscuro que servía de depósito, entre los cachivaches, encontraron la imagen de una virgen de tamaño natural a la que llamaban Nuestra Señora del Rosario. A pesar de la gruesa capa de pintura que cubría el rostro, notábase la belleza de las facciones; el cuerpo pintado de blanco y el manto de negro. Le faltaban también las extremidades superiores desde los antebrazos. Aquello sí que llamó la atención y movió a curiosidad. Además se halló gran cantidad de mantos –incluyendo uno que había sido obsequio del coronel Manuel José Becerra Silva a la Patrona de Chota-, joyas de oro y milagros de plata que, más tarde, serían objeto de un remate a puerta cerrada y con presencia sólo de unas cuantas familias. ¿Por qué?

Aquel día del inventario, don Felipe Guerrero Barboza, algo decepcionado porque la tía rica no le había dejado algo que heredar, recitó en voz alta:

Cristo la pobreza amó
porque Cristo rico era;
que si Cristo pobre fuera,
por Cristo, que la aborreciera,
como la aborrezco yo…

Y su primo don Antonio Cevallos Coronado, también presente en el acto, dijo para sus adentros ¡Amén! (Antonio Cevallos Coronado. La Reaparición de la Virgen, El Folklore Chotano. Chota, diciembre de 1957).

Como dijimos, la curiosidad fue tanta que más de uno se interesaría en el asunto y, confirmada la autenticidad de la imagen, se proclamaría descubridor de su paradero. Tres personas del lugar: un sacerdote, un abogado y un maestro se disputaban, hasta hace poco, el honor de haber descubierto el paradero de nuestra Patrona de Chota, desaparecida hace más de 70 años, y siguen disputando … (Antonio Cevallos. Obra citada)

En 1952, con ocasión de la Feria del 15 de Agosto, el presidente del comité, señor Abel Carvajal Pérez, se hace apoyar por el párroco Pedro Senosiain y el señor Felipe Guerrero Barboza para solicitar prestada la imagen. El juez Alfredo Portocarrero accede con la condición de que, pasada la fiesta, sea devuelta a la Testamentaría. Se había verificado, con pruebas al canto, que Chota tenía nuevamente a su Patrona. La imagen presentaba todas las características que describía la tradición. Se supo que le faltaban las manos porque tuvo que ser mutilada para que pudiera caber en la ventana izquierda de la sala principal de aquella casona, vano que luego fue sellado con quincha, quedando, finalmente, emparedada la imagen. ¿Por qué? Si la amenaza chilena había pasado y la población estaba resignada, ¿para qué seguir escondiéndola? La respuesta sería otra pregunta ¿Para qué devolver la escultura si no se sabría dar razón del paradero de las joyas y otros adornos? Por eso, cuando volvió la calma, se optó por desaparecer la imagen de la Virgen del Rosario y suplantarla con la de la Patrona, pero desfigurándola para evitar toda posibilidad de que fuera reconocida. Y así permaneció, cautiva, en aquel cuarto oscuro.

El niño no fue encontrado. Se decía que, poco antes de la llegada de los chilenos, doña Mercedes Osores, distinguida dama chotana, huyó llevándoselo a la estancia de Olmos.

En este punto conviene detenernos para recordar algo que, parece, el común de la gente ha olvidado.  Y es que, otrora, la Patrona de Chota fue dueña de costosísimas y bellas joyas que, siendo tantas, había la necesidad de cambiarlas de vez en cuando para que las familias devotas tuvieran la satisfacción de ver a la Virgen luciendo sus nuevos donativos y milagros de plata. Era la usanza de la colonia y, aún, hasta bien entrada la República. Se recuerda que una devota, doña Josefa Córdoba, en una visita que hiciera a Chota desde su Lima natal, obsequió a la Patrona una preciosa sortija de oro con una esmeralda engastada, sortija que ocasionó la rotura del meñique derecho de la imagen al intentar colocársela.

Permítaseme referir también uno de los casos que conozco por tradición familiar. Rafaela Lezcano Sempértegui, dama chotana nacida en 1855 en el hogar de los señores Pablo Lezcano y Candelaria Sempértegui, fue la mayor de sus hermanas Heriberta, Virginia y Nieves, con quienes creció en el extenso solar, parte, en la cuarta cuadra de la Alameda. Siendo adolescente aún, Rafaela viajó a Lima invitada por su padrino Marcos Bernasconi en cuya residencia conoció al Barón Boyllerus Riparbelly. Diplomático italiano acreditado en el Perú, con quien contrajo matrimonio en 1872, adquiriendo el título nobiliario de Baronesa. Poco después viajó a Italia donde encontró la felicidad, casándose al estilo de los cuentos de hadas, según contaba en sus cartas que siempre llegaban con presentes para sus familiares. Agradecida por lo que había conseguido en la vida, cumplió con sus promesas hechas a la Patrona de Chota. En sucesivas entregas le hizo llegar un cetro de oro macizo, dos coronas con incrustaciones de diamantes y piedras preciosas  -para la virgen y el niño-, un prendedor y un aro con un diamante engastado. Todas las joyas eran de oro y a ellas se sumaban un precioso manto bordado con hilos de oro y plata. Así lo recordaban los viejos chotanos y así me lo refirió mi padre don Alejandro Vigil, y me lo confirmaron mis tíos Rogerio Bazán y Demetrio Oblitas, todos hijos de doña Margarita Díaz Sempértegui, hija a su vez de Heriberta la hermana menor de Rafaela, la Baronesa. Mi tía-abuela Clemencia Cóndor Sempértegui también solía contarme lo que recordaba de su tía Rafaela, hasta que se supo de su deceso en El Cairo, Egipto.  Jorge Berrios Alarcón también ha escrito sobre las joyas donadas por la Condesa italiana (J.B.A. Monografía Histórica de Chota. Segunda Edición, p. 121). Marco Carvajal Atencio hace lo mismo en su trabajo de Investigación Histórica “El Culto a la Virgen María de Chota” (Primera Edición. Impresos bautista E.I.R.L. Lima, 1998; pp. 22-23). La tardición lamentablemente, poco a poco lo ha olvidado.

Manos piadosas sacaron a la virgen de la iglesia.
Manos piadosas la enterraron, para evitar sea encontrada por los soldados enemigos.
Manos piadosas le pusieron esmalte en su linda carita para evitar que la reconozcan.
Manos piadosas la tuvieron escondida 71 años
Y manos piadosas la despojaron de todo el oro y brillantes

(Antonio Cevallos Coronado, op. Cit.)

Y llegó el 5 de agosto de 1953. Arduo trabajo le costó a don Manuel Delgado Gálvez y los señores Reynaldo y Manuel Tantaleán Zorrilla colocar la imagen en andas adecuadas, cubrirla con el manto inventariado –obsequio del coronel Becerra- y adaptar la corona y el Niño de la imagen que la reemplazaba en el nuevo templo. A las 3 de la tarde de aquel día, en medio de aplausos y gran devoción, la sagrada efigie fue sacada del inmueble signado actualmente con el Nº 342 del Jr. José Osores, en una esquina de la Plaza de Armas. Cuando el pueblo vio aparecer la imagen de su Patrona en el umbral de la vieja portada, estalló en gritos de júbilo y no pocos lloraron de emoción; las campanas se echaron al vuelo y el estruendo de los cohetes le dio ambiente festivo a la ocasión; aunque no faltaron aquellos que, viéndola pintada burdamente, dudaron de su autenticidad. Aún así, llevada en procesión en hombros de sus fieles, llegó hasta su altar.

Ya se tenía la imagen. Ahora, pasadas las fiestas, ¿devolverla? Había que entablar litigio para recuperarla definitivamente y ello exigía consolidar las pruebas con el testimonio de quienes la conocieron 71 años atrás. Por eso, en octubre de aquel mismo año, se convoca a los ancianos Mariano Burga  -conocido como don Echenique-, Mateo Burga, Adolfo Linares Saravia y la señora Simona Regalado de Livaque, quienes dan fe de la autenticidad de la imagen.

A inicios de 1954, el nuevo párroco José Arana Berruete, con la asesoría legal del Dr. Julio Vásquez Acuña, inició el reclamo de la instancia jurídica. Mientras el trámite seguía su curso, aquel año, 1954, fue declarado Año Mariano de las Misiones y, en consecuencia, la imagen visitó las campiñas de Chota y Lajas rodeada de sus votos.

El año siguiente el Consejo de Familia de los Guerrero decidió devolver la imagen. El 9 de diciembre de 1955 se formalizó  la devolución por Resolución Judicial. El rescate se había consolidado.

Para realizar los trabajos de restauración de la imagen se contrató al escultor español Enrique Murillo bajo la supervisión de una comisión de garantes constituída por los señores Abel Carvajal Pérez, Felipe Guerrero Barboza y el R.P. Pedro Senosiain Vergara. Ciñéndose a la escuela de Martínez Montañez, Murillo devolvió a la imagen la prestancia y belleza que hoy le conocemos. Es más, admirado de la calidad escultural de la efigie, le obsequió una aureola y un cetro, y hasta dicen que donó dos mil soles de los diez mil que cobró por su trabajo, dinero aportado por todos sus devotos.

El 7 de diciembre de 1956 el Obispo de Cajamarca, Monseñor Pablo Ramirez Taboada, bendijo el nuevo camarín construido para la virgen. Durante aquella ceremonia el Juez César Calonge Zavaleta hizo entrega oficial de la imagen al representante del pueblo, Alcalde Antonio Soto Burga, y al párroco José Arana Barruete.

Te quisieron profanar
unas manos forasteras,
y no pensaron que tú eras
la Reina de nuestro hogar.
Chota te supo ocultar
y ahora volviste a tu Chota.
Escucha nuestra oración …

(Gozos a la Virgen de Chota. Novena en honor de Nuestra Señora de Chota, 1985).

Han transcurrido 117 años desde la incursión de los chilenos y nadie ha podido dar cuenta del paradero del Niño. Tal vez algún día también pueda ser hallado y recuperado. Sería un hermoso final para la historia de la Virgen Cautiva.

05 de Agosto de1953: Recuperación de la Imagen de la Patrona de Chota





Artículos relacionados

La más bella y majestuosa Reina

Carta al Olimpo Chotano

•Escribir un comentario•

Use letras minusculas en su comentario.
Use un lenguaje respetuoso, caso contrario el comentario será descartado.


•Código de seguridad•
•Refescar•