2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"
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AÑORANZAS CHOTANAS

LOS CASTILLOS

César Gilberto Saldaña Fernández

Ha llegado la hora. Un mar de sombreros y cabezas rodea el castillo mayor en la penumbra de las desmayadas luces poblanas. Con mis tempranos diez años, me abro paso entre las odiosas piernas y polleras para llegar lo más cerca de los fuegos. Todos parecen nerviosos esperando la quema del castillo mayor. Primero son unos cuantos estallidos sordos que logran la atención de todos. Luego, empieza la copiosa lluvia de trigo encendido. Las caras amarillas de la gente les da un aspecto fantasmal. Después se hace el día; miro a todos lados para ver si descubro a mi pequeño amor entre la multitud. Nada. Más estallidos. Dos barcos encendidos y un avión salen raudos rumbo al otro extremo de la plaza; se hunden en la oscuridad. Un avión cohete los sigue. Lucha encarnizada. Es la segunda guerra mundial. Los perdemos de vista. Más plata, más plata... Ahora, oro, y rosas y estrellas que caen profusamente sobre el gentío. Algunos se  retiran temerosos. Yo no puedo más. Me lanzo en el ruedo de la gente y dejo que las rosas, y el trigo, y el maíz, y el oro y las estrellas, me caigan en las manos, en la cara, en los hombros. Ahora más estallidos -diez, veinte, cuarenta, ¡quién sabe cuántos!- y de pronto, un rugido estruendoso; y al cielo sube, hasta perderse, la gigante paloma giradora, entre los gritos de la gente; y desde lo alto nos envuelve a todos en una inmensa sombrilla multicolor... Con ella ha subido mi alma al cielo tantas veces... Aún anda por allá...


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