2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"

Tres formas de vivir y morir

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Existen tres áreas delimitadas por circunferencias concéntricas que se superponen dentro de las cuales el hombre va desarrollando su vida: primero, una céntrica, pequeña e íntima, que corresponde a la del círculo personal; una segunda, intermedia, que corresponde a la del círculo familiar-amical; y una tercera, más extensa, que comprende a todas las demás y que corresponde a la del círculo social.

Los hombres que desenvuelven su vida solamente en el área del primer círculo, son egoístas, amorales, oportunistas, crueles, indolentes, autoritarios, despóticos y superfluos, porque sus valores no trascienden su ego personal. No permiten “que la vida los viva” pudiendo ser muy ricos o muy pobres o tener conducta delincuente por prodigalidad. Su vida es siempre instintiva, primaria y elemental, preocupada en satisfacer sus apetitos de vicio, conservación y supervivencia personal. Como depredadores son pocos, objetivamente peligrosos cuando asumen al poder.

Los hombres que logran pasar hacia el segundo círculo, son instruidos y pretenden ser morales, se solidarizan con su semejante más por mandamiento que por principio. Hacen el bien siempre y cuando se trate del “próximo”, de sus familiares y amistades y hacen la caridad aunque se sientan más pobres o menos ricos. Adaptados a su reducido entorno familiar, laboral y social consiguen sus grupales objetivos y serían totalmente felices de no ver sus necesidades básicas insatisfechas y sus derechos fundamentales incumplidos. Por naturaleza son domésticos y mansos, conformistas y reaccionarios, predican indiferentes el Bien Común y la Santa Paz frente a las iniquidades del mundo, dejando la solución de los problemas sociales a “los demás” o a los políticos. Alejados de la Tierra como estrellas brillan poco, la inmensidad del cielo los acoge porque son muchos.

Los hombres que trascienden como rayos de Sol hasta el último círculo constituyen casos excepcionales, fundamentan la razón de su existencia en EL CARÁCTER SOCIAL DEL HOMBRE, que se impone como deber o imperio. Han comprendido que son parte de un TODO y que el grado de desarrollo del todo social repercute y condiciona la calidad de sus vidas y el de sus futuras generaciones, por eso viven en función de la naturaleza colectiva del los HIJOS DEL HOMBRE. Son eruditos, principistas, austeros y filántropos, mesiánicos y subversivos, por ello subjetivamente poderosos. Cuestionan su imperfecta realidad y sufren inconformes el yerro negligente o doloso en el obrar del hombre por eso viven concibiendo utopías o futuras realizaciones, creando, transformando, predicando, enseñando, organizando, luchando, si es necesario muriendo, en pos de UNIDAD, IGUALDAD, EQUIDAD, JUSTICIA SOCIAL, BIENESTAR Y LA FELICIDAD DEL HOMBRE. Desgraciadamente son pocos, pero son, tras ellos marchan multitudes desbrazando el camino a la nueva sociedad de las futuras generaciones.

Por estas consideraciones, a la muerte del hombre solo quedan las siguientes opciones, en orden: primero, que sea sepultado sin pena ni gloria y olvidado sin murmuraciones; segundo, que sea sepultado con oraciones, llantos y recordado con cariño tal vez hasta por cuatro generaciones; y tercero, que sea sepultado con HONOR Y GLORIA y obtener VIDA ETERNA en la memoria de las futuras generaciones.

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