2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"

Los Huéspedes

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LOS HUÉSPEDES

Esta nota va en broma y en serio decía el escritor Antonio Cevallos Coronado. Si hay algo que más incomoda a las familias en épocas de fiesta, es la llegada de huéspedes; pues aparte del hospedaje, hay que darles de comer bien para que no hablen. Tienen a la mano restaurantes, pero se hacen los desentendidos.

Un año estuve de huésped en mi tierra para la fiesta de  “San Juan”, después de un día pude observar tras de la puerta una escoba; alguien me dijo que esto lo hacían para que el huésped salga de la casa, ya que luego de tres días aburre a la familia. Al siguiente día fui en busca de hotel.

Algunos huéspedes llegan muy frescos con “yanasos” (sus amigos, pero desconocidos para la familia). Entonces vienen los ajetreos ¿De dónde para conseguir las camas? Piden sábanas almidonadas y frazadas gruesas. La ducha debe tener agua caliente, prefieren habitaciones en pisos bajos, porque subir gradas les afecta los riñones; no debe faltar la vasinica, son friolentos y orinan a cada rato.

En el desayuno no reciben chupe verde ni caldo de mondongo, que son los potajes favoritos en época de fiesta. Reclaman jugo de piña, papaya, café con leche, tostadas con mantequilla y mermelada. En el almuerzo tampoco aceptan cuy con papa y chicharrones, porque tiene colesterol, prefieren dieta a base de cabello de ángel con pollo de corral. ¡Qué tal raza! Hasta piden plancha para asentar su ropa. Eso sí, son amables, ofrecen retribuir las atenciones en cuanto vengan a la costa... ¡Mienten!, porque se esconden.

Algo más, después de la corrida de toros salen con hambre y se pegan una “atracada” (comen en exceso) con tamales y fritanga.

Viene entonces la aflojada de barriga, porque han tomado cerveza y gaseosas. En sus habitaciones parece que estuvieran quemando cohetecillos; todos se disputan el  baño, otros no aguantan y se mojan los pantalones.

Hace poco en Bambamarca, con motivo de la fiesta de la Virgen del Carmen, me encontré con una tía, quien me saludó muy apuradamente. ¿Qué pasa -le pregunté-, hay alguien grave en la familia? Peor que eso, me contestó, estoy con atrasos, me han llegado huéspedes.

Un señor me contó en Chota, que todos los años para la fiesta de “San Juan” le llegan huéspedes a su casa, son jubilados y con plata, les llaman los “infaltables”. La pasan contando chistes para hacer tiempo hasta que llegue la hora del almuerzo o comida. Son más duros, nunca llevan un regalito, ni siquiera para pasar la mano a los dueños de casa.

Terminada la fiesta vienen los apuros y es que los cuartos se quedan mal olientes, generalmente los huéspedes no se bañan. Las sábanas lucen amarillas, son prostáticos. Nos comentaba el señor, que por higiene había que quemarlas.

Otros huéspedes “chochos” llegan con nietos, fastidian en la cocina calentando el biberón. Algo gracioso, durante el almuerzo cuando la dueña de casa comienza a bendecir los alimentos, el más grandecito empieza a gritar: Quiero mi mamá…. Que venga mi papito…. Quiero helados…. Es de imaginarse el fastidio, que esto ocasiona en la mesa.

Pero eso no es todo, cuando menos lo esperaban, salieron de la casa sin despedirse. El colmo, se robaron a “Pichicho”, el perrito engreído de la familia. Hay llantos, lamentaciones y suspiros.

¡Qué tales huéspedes! Después de todo, forman parte de las fiestas patronales y hay que recibirlos.


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