2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"

La Mariposa y la Rosa

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Cierto día, una bonita mariposa decidió visitar a su amiga, la rosa. Revoloteó ante su rostro, tocó con sus patitas de hada el terciopelo de sus pétalos y la saludó con un beso. La rosa al verla se puso contenta y la invitó a pasar al interior de su fragante corola, su casa.

¿Cómo estas querida amiga? preguntó la mariposa. ¡No muy bien, pues tengo agudos problemas! respondió la rosa. Haber cuéntame ¿Qué es lo que te pasa? ¡Te noto preocupada!, ¡espera un momento amiga, te sirvo un rico aperitivo y luego te cuento!. La mariposa le dio las gracias por su hospicio, plegó sus alitas de cielo y se posó extasiada en el perfumado cáliz de los pétalos. Al instante la rosa le estaba sirviendo gotitas de dulce néctar y dos panecillos de tibio polen. ¡Hum!, ¡se veían tan ricos!

Las amigas se acomodaron juntas y la rosa empezó su relato: El otro día vi que alguien había dejado unas hermosas perlas de color amarillo en el envés de mis hojas y me sentí contenta porque adornaban mi tallo y me veía bonita, pero al poco tiempo comenzó mi desgracia, las perlas desaparecieron y en su lugar reptaban unas  oscuras, punzantes y venenosas orugas que comían voraces mis hojas. Lo peor de todo es que no puedo hacer nada contra ellas, ni siquiera el viento que sacude me las quita de encima.

¡No te preocupes, amiga mía!, la consoló la mariposa, ¡ya pasará esto!, pues “NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS”, ten mucha paciencia, hay que ver las cosas con optimismo, pues como reza el dicho “NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA”.

¡Hay, amiga mariposa!, exclamó dolida la rosa. ¡Ojalá que Dios te escuche porque eres tan buena!, ¡qué sería de nosotras las rosas sin tu cariño y sin tus afanes, llevando nuestro polen hacia otras rosas, sin ti no existirían árboles, frutos ni flores!, ¡si al menos todos los insectos fueran como tú y no como esos bichos, de mala madre, que ya me dejan desnuda! Ruborizada la mariposa por la alabanza sólo atinó a decirle: paciencia amiga mía, paciencia, ¡un día tu sacrificio será muy bien recompensado!

Habiendo terminado la conversación y la comida, se despidió la mariposa sin antes pedir un último favor a su amiga: te encargo mis hijos que se incuban en sueño, debo cumplir mi trabajo y luego regreso. ¡Claro, amiga mía, no te preocupes! exclamó la rosa y continuo sugiriendo ¡acúnalos en mis verdes hojas que yo los veo! Dicho esto, la mariposa le dio las gracias, revoló en torno a ella y se marchó insegura hacia la espesura del bosque. Desde su cáliz la rosa la observó alejarse, suspiró por la hacendosa madre que  partía y con instinto materno pensó en lo ¡lindos y tiernos que serían sus hijos!

El tiempo pasó reptando hasta que la eclosión de un infante llanto rompió la cascara del silencio. La rosa acudió corriendo ante el llamado del crío y grande fue su sorpresa al ver nuevamente las “perlas amarillas” que por cientos había puesto su amiga mariposa en sus raleadas hojas, entre los huevos una orugüita bebé ya gateaba y ¡comía!

MORALEJA DEL CUENTO: ¿HAS EL BIEN SIN MIRAR A QUIÉN?

Chota, 21 de noviembre de 2010

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