2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"

Ciencia y Espiritualidad

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¿SON CONTRADICTORIAS?

Se piensa casi siempre que existe una contraposición entre estos dos conceptos; se considera que son antagónicos. Que la espiritualidad es un asunto de fe, mientras que la ciencia es el campo de la realidad concreta, visible, palpable, mensurable. En este ensayo queremos explicar que existe una continuidad asombrosa entre los dos conceptos: ciencia y espíritu, y que uno de ellos puede ser la base del otro o viceversa.

La ciencia nos ha enseñado siempre que lo único que existe en el universo es la materia y la energía; que la materia es energía concentrada y la energía es materia transformada. Más aún, la ciencia nos enseña que la materia no se crea ni se pierde, sólo se transforma. Si aceptamos este principio, norma, ley o realidad, o como querramos llamarle, tendremos que aceptar que las ideas y palabras que nacen de mi mente y de mis labios no son sino energía que sale de mil ser, y se traslada a los oídos y mente de mi interlocutor para causar diversos efectos a los que podríamos llamar conocimientos, ideas, sensaciones, emociones, pasiones, etc., etc. Es decir, que la energía que sale de mi ser llega al otro ser para generar nuevas transformaciones de la materia en diversos tipos de energía; ya que un sólo estímulo energético puede causar resultados diversos en otras personas: así causará la energía positiva del entusiasmo en unos, mientras que podría causar la energía negativa de la decepción, de la ira, o de la inquina en otros, dependiendo qué otros factores están influyendo en todos estos procesos.

En igual forma una bellísima u horrible pintura producida por un pintor no es sino la forma en que se ha materializado su energía intelectiva, emocional, nerviosa o volitiva para llegar en esa forma a otras personas y producirles nuevas formas de energía que podrían ser el asombro, la sorpresa, una fuerte alegría o una sensación de horripilación producida por una pintura como aquellos horrores que pinto Goya en algunos de sus cuadros.

Por el mismo estilo, una película concentra las energías de las diversas personas que confluyeron para producirla, ya sea como una película de crimen y horror (energía negativa), o una película de amor y fraternidad (energía positiva). Todos estos tipos de energía en que se transforma nuestra materia no sólo son transmisibles en el espacio; es decir,  de un país a otro; sino también en el tiempo; y así podremos seguir recibiendo la energía de Platón leyendo ahora su “Diálogos” después de más de dos mil años de haber sido escritos; o de las mismas sagradas escrituras redactadas por cientos de personas y transmitidas a través de los espacios y de los tiempos.

Cuando una persona fallece, entonces, tenemos que concluir que se queda reducida sólo a su parte material como una porción de materia que ya no genera más energía; es decir, es un pedazo de materia inerte. ¿Por qué la lloramos?, Pues, si es materia inerte, no podemos decir que allí está la persona aunque muerta. No, la persona ya no está; ha quedado sólo una parte de su ser; ya no podemos decir que es la persona. La persona es persona en cuanto esa materia emite energía; puesto que la energía generada es también parte de la persona; si no hay energía, entonces no es la persona. Cabe entonces, preguntarnos ¿Cuál de las partes debe seguir siendo considerada una persona: la porción de materia inerte, o la energía que ha venido derramando y que se encuentra acumulada en sus obras materiales, o en la mente, en los recuerdos y en los corazones que recibieron dicha energía?

Mi concepto es que la esencia de la persona no es la materia inerte, sino la energía que ha generado durante su vida. Y, siguiendo el principio de la ciencia presentado al comienzo de este ensayo, podremos decir que la energía no se pierde ni se crea, sólo es trasformación de la materia.

Ahora bien, si la ciencia clama ser la estudiosa de las realidades concretas, tenemos que admitir que estudia gran parte de la energía generada por la materia; y estudiarla quiere decir que la observa, la sistematiza, la mide, clasifica, etc. Esto es precisamente lo que sucede con la energía luminosa, calórica, el movimiento, la electricidad, la fuerza. Todas ellas son objeto de su estudio; pero se reúsa estudiar aquellas energías que no puede comprender y no puede observar ni medir: el amor, el odio, la vergüenza, la amistad, la emociones diversas de alegría, de tristeza, de pánico; todas las cuales, siguiendo la lógica científica, no son sino transformaciones de la materia.

Pero el hecho de que dichas transformaciones de la materia no puedan ser estudiadas por la ciencia no les quita realidad; todos las conocemos y las sentimos como realidad palpitante dentro de nuestra vida diaria, y no las podríamos negar jamás. A esta energía incomprensible para la ciencia, otras disciplinas le dan diversos nombres; algunas le llaman espíritu; otras, espíritu santo; otras, espíritu divino; otras, alma. Pero no importa cómo se le llame; esas diversas formas de energía son una realidad innegable e inconmensurable.

Dijimos que la energía, y esto sí está probado por la ciencia, puede ser positiva o negativa, la cual es acumulable por las diversas personas. También podemos decir que hay personas que emiten permanentemente energía positiva, mientras que otras emiten preferentemente energía negativa. Y que estas energías son acumulables por las otras personas, dependiendo a cuál de ellas estén expuestas. Por consiguiente, es importantísimo para todas las personas, y para la convivencia humana en general, que todos conozcan esta realidad para,  así, poder escoger libremente qué tipo de energía quisieran que acumule su ser; deben aprender a detectar qué personas emiten energía positiva y rodearse de este tipo de gente; no deben permitir que la exposición y la carga de energía negativa se realice en sus personas en forma fortuita, y sin que ellos lo decidan libre y conscientemente. Si alguien desea energía negativa, que la reconozca y se exponga conscientemente a las personas y circunstancias que generan este tipo de energía; pero que no suceda este contacto inadvertidamente para luego sufrir efectos funestos, y sin saber por qué.

Es nuestro parecer que sólo se puede llevar una vida feliz, armoniosa y pacífica, y llena de amor y de comprensión si nuestros cuerpos están cargados de energías positivas; que para que este fenómeno de acumulación de energía suceda, aprendamos a detectar los elementos, circunstancias, o personas que generan energía negativa y que las evitemos y huyamos de ellas como cuando huimos de las pestes porque no queremos contagiarnos.

Una película  que está llena de horror, de crimen, de tormento, de angustia, etc., es una película cargada de energía negativa. Produce en nuestro organismo una fuerte inyección de adrenalina, que es la generadora del miedo, de la angustia, de las emociones negativas fuertes. Esta adrenalina tiene luego que ser expulsada y anulada por nuestro sistema inmunológico o de defensa de nuestro organismo; en esta lucha, generalmente gana nuestro defensor sistema inmunológico, pero a costa de sí mismo; es decir, cada vez que nuestro sistema inmunológico gana una batalla, queda debilitado y nosotros quedamos propensos a adquirir diversas enfermedades que van desde el resfrío común hasta el cáncer o el sida.

Así pues, como seres humanos libres de escoger nuestro destino, tenemos la potestad de tomar opciones sobre cómo guiar nuestro desarrollo espiritual y corporal; para ello necesitamos, primero, tener un conocimiento como el que impartimos en el presente ensayo, y, después, tomar una decisión libre y soberana, en la que nadie nos obligue, sino nuestra única determinación, de ser mejores seres humanos si escogemos los elementos que nos cargarán de energía positiva.

Como conclusión, podemos preguntarnos ¿Quién fue primero: la materia o la energía? Los que escogen la materia podrán decir que esta es una explicación materialista del problema de la existencia humana, puesto que la materia es la que da origen a la energía. Los que escogen la energía tendrán una explicación espiritualista, puesto que partirán de que en el principio era la energía suprema que es Dios (inteligencia, amor, confraternidad, justicia) y que El es el espíritu supremo, que ni la ciencia, ni nosotros como seres terrenales llegamos a comprender en su totalidad; pero que lo sentimos como realidad palpitante en cada acto de nuestra vida y en cada visión maravillosa de universo que nos toca observar.

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