2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"

Ilusiones Frustradas

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El sol va borrando sombras

con su bruñido esplendor,

cudas y duendes malignos

se esfuman con el albor;

las flores y las verdanas

van aromando las penas,

unas mustias, otras bellas,

cual los sones de las quenas.


El “Alejo” está muy triste,

desfoga su queja en canto,

a su corazón le oprime

bejucos de pena y llanto;

acongojado, cabizbajo,

trabaja desganau su chacra,

los camellones de los surcos

parecen tumbas sin marcas;

los espigados maizales,

con triste quietud en duelos;

el batán hoy ya no suena,

en el fogón ya no hay fuego.


Dicen, que la china Lucinda

se ha juido disqué anoche

con el cholo de don Benicio

disqué lua llevau pa’ Moche;

él es andante y costeño,

rodante y palanganoso,

de casaca y lentes negros

y con radio bajo el brazo.


El “Alejo” está triste,

su alma igual que el yelo,

está chulco su carácter

con amargo desconsuelo;

espinas de rojo fuego

lastiman a su corazón,

al recordar a su china

a la que tanto él amó.


Desde muy niños, andaban

pastando a sus ovejas,

y las garras de los vientos

arrancaban sus tristezas;

ella, hilaba sus sueños

con los guangos de neblinas,

él, aporcaba suspiros

aguaitando a su china.


La “Lushe”, era maltona,

su carne, ardiente fuego,

perturbaban a sus senos

el deseo de que lo amen;

pensaba en el potro bayo,

en su “Choco”, hermoso perro,

pero en lo que más pensaba,

fue en el “Rude”, cholo bueno;

es que era palanganoso,

con fino y blanco sombrero,

fuerte y bravo como toro,

golía a romero tierno.


Un día, el “Rude” le dijo:

“Lushita”, tú eres mi amor

y si tú también me quieres

juntos juyamos hoy los dos;

te llevaré a la costa,

a la hacienda de Tumán,

trabajaré en el corte

y tú la comida harás.


Yo, a la costa no me voy,

dijo la china Lucinda;

“amí, mihace mal el carro

y dejuro que mi taita

nos sigue hasta pescarnos”;

pero el cholo insistió

para que huyeran los dos,

cualquier lugar era bueno

para que vivan su amor.


Como sea nos iremos

por Quidén a la “montaña”

a la “banda” llegaremos

a comer la miel de caña,

subiremos por el Luengo

después a la Puentecilla,

bajaremos en la tarde

puel lau de la Culebrilla;

ahí pediremos posada,

descansaremos un día,

al brincar el Uragache

seguiremos nuestra huída;

cuando lleguemos al Temple

bajando puel Infiernillo,

cruzaremos el Marañón

por el puerto Trapichillo;

nos iremos a Collonce

por el Quishpe u Ocallí;

puaray ya vive mi primo

sembrando café y maní;

yo recogeré cafés

y tu cavarás mandiocas,

después lo cocinaremos

igual que mashuas u ocas.


Algún día volveremos,

tus taitas nos perdonarán,

del dolor que les causamos

hoy por nuestra felicidad;

pero esto no sucedió,

todo se fue con el viento,

es que otro cholo vino

y se la llevó al momento.

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