2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

Disfrutando Chulchul, Chanrayo y el Doñana

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Mi padre había autorizado el permiso para el paseo programado a las grutas de Chul-Chul, un día sábado, con la profesora Margarita y mis compañeros del Quinto "D" del Glorioso, Emblemático y Sesquicentenario "San Juan" de Chota. Con el cantar de los pajarillos, él ya había alistado mi fiambre; eso sucedió cuando el despertador no sonó en aquella oportunidad. A esa hora mis abuelitos seguramente ya regresaban del ordeño de sus vacas. Ellos mucho trajinan sus vidas… ¿Acaso los hijos somos culpables de su intranquilidad, que a su edad ya deben disfrutar serenamente sus años? ¿Acaso, eso, todos no lo sabemos?



Nuestra querida Chota muestra una diversidad en flora y fauna, lo que hace única a esta provincia, Cuna de Laureles y de Machetes, y a pesar de lo poco que conozco, para mí es una majestuosa tierra llena de tesoros y encantos en todos sus rincones.

Aquel sábado por la mañana, junto con mis compañeros de estudio y algunos amigos y amigas, realizamos un emotivo paseo a una comunidad cercana y de formidable belleza, allí compartimos grandes experiencias y anécdotas, que estoy segura no se borrarán de nuestras mentes.

La partida fue desde la ciudad de Chota, aproximadamente a las 8 de la mañana, hasta el centro poblado menor de Utchuclachulit, por la ruta del Campamento del Túnel Conchano. Desde el inicio que abordamos el bus, sabía que el viaje iba a ser interesante, gracioso y placentero. Pues, yo estaba en un asiento intermedio mirando hacia mis compañeras, un tanto distraída, cantando canciones en coro con ellas; cuando repentinamente el carro frenó bruscamente y como no tenía en donde apoyar mi espalda, fui hacia atrás, y mi amiga Zorrilla (“Zorry” de cariño), tratando de cogerme, hizo volar su refrigerio. La risa y chacota fue alborozada.

Dejamos el bus e iniciamos una divertida caminata para llegar a Chul-Chul, gruta así nombrada por el querido y reconocido sacerdote Severiano de Cáceres, seguramente por el sonido que produce el agua al caer desde lo alto de la misma formando espectaculares estalactitas, algunas tan grandes que se han unido con las estalagmitas que van creciendo desde el suelo. Desde afuera no se puede imaginar tal belleza, pero estar allí dentro es otra cosa, las formas diversas que el agua desde siglos ha ido grabando es admiración para el visitante, y a pesar de no ser tan grande, es asombrosa y de grandes misterios.

Lucero resbaló y fue a caer a un pequeño hoyo de agua. Los reflejos de mi compañera esta vez no brillaron. Pero, al salir de la gruta, el sol nuevamente con sus rayos luminosos nos dio una cálida bienvenida.

Nuestro recorrido seguía, directo al Ojo de Agua del río Doñana, fuente de vida para la humanidad. Recuerdo que pasamos primero por el “Ojo Seco”, lugar donde emerge el agua solamente en días de lluvias; así nos dijo un señor de la comunidad, quien nos dio la bienvenida.

En seguida, llegamos a "El Ojo de Vida", que lleva ese nombre debido a que nunca se seca, siendo además el líquido vital para el uso de la población; aunque en esta oportunidad no lo pudimos observar en todo su esplendor por ser época de verano, según nos lo dio a conocer nuestro amigo Milton Antezana del Grupo “Montaña”, con sede en la ciudad de Chota.


Siguiendo el camino, pasamos por el lugar llamado "El Diablillo", un abismo inmenso de gran aventura. Mi amiga y compañera Xiomara tuvo miedo y dificultad para caminar. El ofrecimiento que nos hizo fue genial, con tal que la auxiliemos nos daba la mitad de su fiambre.


La aventura seguiría hasta llegar a la catarata de Chanrayo, donde nadie nos libramos de un resbalón. El agua fresca de las pozas, nos invitó a darnos un buen chapuzón. En la cima de la catarata, disfrutamos del fiambre como quien contempla y se enamora de la vista panorámica de Chota.

“Zorry”, inquieta como siempre, comió rápido y fue a echar un vistazo a lo que había por los alrededores; confiada seguramente, estaba cerca de un torete que pastaba en la pampa, cuando el animal caminó a su encuentro y le dio un gran susto, haciéndola correr como nunca lo había hecho.


Ya de retorno, satisfechos y con nostalgia, rumbo al Campamento del Túnel Conchano, tuvimos que pasar varias veces el río; nuestra profesora Margarita, en un descuido resbaló, dándose también su chapuzón.

Al llegar al Campamento, un lugar apoteósico para el sano esparcimiento, no desaprovechamos la ocasión de divertirnos a lo grande. Mis compañeros fueron a disputar del fulbito y yo junto a mis compañeras nos metimos al río Doñana, que en ese lugar se incrementa con las aguas del Conchano, a través del túnel del mismo nombre; siendo esta la razón del porqué las aguas son tan heladas, pero igual teníamos que nadar. "Zorry" y yo, desde el puente, nos dimos unos lindos clavaditos.

Visitando Chul-Chul, Chanrayo y el Doñana, hemos aprendido una vez más, no sólo a valorar la belleza natural de Chota y la importancia del agua, sino también a conocernos más entre compañeros y amigos. Es mi último año de estudios en la secundaria y nuestras inquietudes palpitarán siempre en cada recuerdo. Pero eso sí, debo advertir, serena y precisa (y no porque el paseo a Chul-Chul resultó emotivo y placentero, nada de eso): A las autoridades me dirijo, hagamos algo ahora, cuidemos nuestros lugares turísticos, será la mejor obra de nuestras vidas, Chota es fuente de vida y de riqueza natural incomparable. Amigos del Grupo “Montaña”, salud, brindemos por la iniciativa. Hasta pronto.

LILIA VITALUZ MEJÍA VÁSQUEZ

Promoción 2012 "Carlos A. Alva Barturén" Colegio Nacional "San Juan" - Chota

•Comentarios•  

 
0 #1 Fredesvindo Rojas Vá •25-09-2012 21:57•
...bien...es tarea de todos, pero...encabezado por sus Autoridades...la conservación y acondicionamien to de los lugares que tengan un alto valor turístico y más... un abrazo desde el valle del Utcubamba, muy cerca de La Curva del Diablo...
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