2018:  "Año de la Promoción de la Chotanidad"
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Capitulo I: La Protesta Escrita
CAPITULO I LA PROTESTA ESCRITA
ACTA DE HUAMBOS
ACTA DE CUTERVO
ACTA DE JAEN
RESPUESTA DEL GOBIERNO
•Todas las páginas•

CHOTA HEROICA GUERRA CON CHILE

Segundo Rojas Gasco


A LA MEMORIA DE:

Los chotanos que participaron

en la guerra con Chile; que nos

legaron una lección heroica y

hermosa que será un ejemplo

para la juventud peruana de

todos los tiempos


PROLOGO

La verdadera historia de la Guerra del Pacífico aun está por escribirse. Todavía gira, por desgracia, en torno al errado concepto de considerar que "Lima es el Perú " y que por tanto dicha contienda terminó cuando la ocupación chilena de nuestra capital, tras los desastres de enero de 1881. La verdad es otra y muy distinta. Casi todas las proezas y no pocas victorias se alcanzaron estando ya rendida Lima. Ocurrieron durante el período conocido genéricamente como Campaña de La Breña, que tuvo diversos períodos y distintas fases regionales; etapa en la cual el más joven de los coroneles del Perú, Andrés A. Cáceres, supo cumplir con el mandato de Bolognesi: "quemar el último cartucho"

La presente obra del Tte. Crl. E.P. Segundo Rojas Gasco contribuye con mucho mérito a la labor de revisar la historia y por tanto a la reivindicación de los peruanos que jamás se rindieron ni pactaron con el invasor. Chota emerge con enorme gloria y prestancia en aquel período de 1881 a 1883, que se habría de prolongar hasta los finales de 1885 con la guerra librada por Cáceres contra los chilenistas. En las páginas que siguen se contempla como los chotanos (al igual que los peruanos de todas partes, salvo en Lima y Arequipa) combatieron denodadamente al invasor, no sólo en la sierra, sino en la misma costa, desde Tacna hasta Tumbes; y se ve que a los chotanos les cupo un papel decisivo en tierras como las de Chiclayo y Piura, para no mencionar los campos de San Pablo y las mismas trincheras de San Juan y de Miraflores, regadas con su sangre. Reparamos con altivez como los hijos de Chota siguieron combatiendo indoblegablemente al enemigo extranjero y, después, con igual empeño, a los derrotistas que impusieron la Paz de Ancón. Chota fue una de las principales bases de sangre de una resistencia que, en los Andes, se extendió desde Jaén hasta el río Apurímac, y que tuvo en el Cuzco, intocado por las legiones chilenas, el símbolo eterno de la peruanidad. En ese Perú, desarmado pero combatiente, Chota fue ejemplo de constante coraje. La obra que está en nuestras manos atestigua los esfuerzos de un pueblo y de sus esforzados adalides, no siempre recordados en la "historia oficial"; allí están nombres como los del maestro ‑ coronel Manuel José Becerra ("cholito", chotano muy chotano, trigueño, talla mediana, delgado" tal como lo describieron en esos tiempos), tantas veces victorioso, como en Chiclayo y en Cárcamo; y el del no siempre recordado capitán Alfonso Abendaño.

Todo esto es también historia regional, que bastante falta hace en el Perú para entendernos mejor.

En el rescate de los chotanos ilustres, nuestro autor hurga en los viejos papeles de los tiempos iniciales de la contienda, relativos a los contingentes enviados a la capital. Pero como es natural recoge con especial unción el nombre de uno de los más importantes guerreros de la época, el Comandante Antonio Sánchez, Jefe de la Columna Chota, quién con tanta bravura combatió en San Pablo (13 de Julio de 1882) hasta caer gravemente herido; héroe de a verdad, personaje bastante postergado en la común historiografía, a veces harto complaciente con determinados sectores sociales y políticos. Sánchez fue, bajo el mando del Coronel Eudocio Ravines - quien murió en esa acción - de los que soportaron la sangrienta emboscada chilena, junto a San Pablo, y que luego resistieron a pie firme las cargas de la caballería enemiga. San Pablo por eso, con toda la sangre chotana y cajamarquina derramada, fue en verdad un triunfo pírrico, un triunfo muy cruento (murieron ciento sesenta y ocho chotanos), pero con un coraje tal que los chilenos no se atrevieron a esperar a Lorenzo Iglesias y Manuel Callirgos, que desde cerros distantes empezaron a retumbar con su artillería. Evacuada la plaza por los chilenos, sin intercambiar tiros, los nuevos contingentes peruanos se adueñaron de San Pablo, izándose la bandera roja y blanca. Por eso es que se requiere remarcar constantemente y recalcar que la sangre chotana fue la que más contribuyó a alcanzar esos lauros. En cuanto al General Miguel Iglesias, se hallaba a numerosas leguas de distancia, ajeno por completo a un hecho que luego habría de utilizar; no sin calificarlo, increíblemente de "estéril triunfo de un instante". Y hasta ahora no se sabe las causas por las cuales tanto demoraron en llegar el iglesista Callirgos y su tropa. De haber concurrido a tiempo, no se habría derramado tanta sangre chotana, peruana en general, inútilmente. Ni, quizás, la del niño héroe Nestor Batanero, que es, digámoslo de paso, otra víctima de la ingratitud, en un país que tanto necesita de ejemplos positivos para nuestra juventud.

Aspecto nuevo y extremadamente interesante en esta obra es la de dar a conocer poesías y canciones de la época; y también el uso complementario de la tradición oral, comprobándose de que modo aquellos soldados vivían en el corazón de sus pueblos.

Juan José Vega



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