2017:  "Año Montaña de la Concientización Ecocultural"

¿Todavía Existen?

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¿TODAVÍA EXISTEN?

Olinda Gavidia B.

Este es un fragmento de una conversación que quiero compartir con todos ustedes y espero que  como me sucedió a mí les haga reflexionar sobre como el crecimiento urbano está desapareciendo nuestros hermosos paisajes.

Hace unas semanas atrás llegó del extranjero mi querido tío César, vino a celebrar su cumpleaños número 90 con toda su familia y amigos en Lima, muy contenta de saber de su llegada fui a visitarlo y saludarlo, él conocedor de mis visitas y cariño a Chota  muy interesado me contó el siguiente pasaje de su niñez en nuestra querida Chota:

“Cuando niño, mis hermanos y yo nos escapábamos al campo, lejos, a las afueras del pueblo, íbamos por la Quinta de la Señora Blanca Martínez, por los alrededores del rio San Mateo, un río de cuidado en épocas de lluvia, se llevaba gente, así decían, sus aguas limpias y su orilla llena de árboles; como todo muchacho y lejos de la mirada de los adultos, mis hermanos y yo muy alborozados nos disponíamos a recolectar frutos de las chacras, ¡qué chacras!, ¡hermosas chacras! llenas de árboles frutales: naranjas, lúcumas, manzanas, limas, limones, guabas, ¡había de todo!, para no ser detectados por los dueños y los infaltables perros, sigilosamente y con mucho cuidado cogíamos frutos  en su mayoría aún verdes, los utilizábamos para hacer nuestras pozas”, ¿pozas? pregunté. “Sí, las pozas eran huecos cavados en la tierra y en donde enterrábamos los frutos verdes recogidos, los cubríamos con hojas para que no se contaminaran y luego la tapábamos con  la misma tierra, allí  la fruta enterrada se maduraba; sólo quién hacia la poza conocía el lugar exacto de su ubicación, por lo que elegir el lugar apropiado y dejar señales secretas  para ubicarla después era importantísimo, pobre de aquel que no era cuidadoso durante el proceso de elaboración de su poza, pues los más avispados las saqueaban,  al cabo de unos días, calculando que la maduración en la poza se había completado,  regresábamos con algunos amigos “nuestros invitados”, así cada quien guiado por sus marcas y señales secretas buscaba y desenterraba su poza, y sin lavar, a pesar de la cercanía del rio, procedíamos a comer y saborear la rica fruta ya madurada  por la tierra, esa era la costumbre en mis tiempos, todos teníamos nuestras pozas secretas, y a su tiempo, nuestros invitados nos llevaban a sus pozas también”.

Después de reír por la anécdota contada, su mirada se perdió nuevamente en el recuerdo y dijo: “Ese camino al San Mateo y alrededores del pueblo estaban llenos de plantas de moras, motemote y capulí, ¡cómo recogíamos frutos!, ¡qué cantidad! Cómo quisiera ver y probar nuevamente motemote y enseñarles a mis nietos….”, tras una pausa fijando la mirada en mí algo preocupado, preguntó:  ¿Todavía existen? muy  apenada tuve que contestar: No tío, motemote y capulí casi ya no crece en Chota, moras todavía, pero hay que buscarlas muy  lejos,  las chacras de la que cuenta ya no existen, ahora sólo hay casas y calles y el río San Mateo casi sin agua ya no es el que era antes… Bajó la mirada y exclamó… !Es una pena!... para luego callar y su mirada perderse en los bellos recuerdos de su añorada Chota.



motemote

Capulí

Moras

Lamentables imágenes del Rio San Mateo en la Actualidad

Convertido prácticamente en una acequia de aguas contaminadas!!

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